Hasta $15 millones al año cuesta mantener la vida de un atleta o maratonista en Colombia

2026-09-14 13:33:30 - MUNDO

Para practicar el running se necesitan ganas, motivación y... tener un buen dinero disponible al mes, en una industria running que ya mueve US$5.200 millones al año y que en Colombia suma al menos 3,5 millones de adeptos, según estimaciones del Dane.

Poniéndolo en plata blanca, mantener una vida ligada al deporte puede costarle a una persona del común desde unos $500.000 mensuales para quien combina gimnasio, suplementos, ropa y transporte, o hasta más de $1 millón al mes cuando la actividad pasa de ser recreativa a competitiva. Y para un corredor que participa de manera frecuente en carreras y prepara maratones, la cuenta anual puede superar los $15 millones.

El gasto no se queda en el gimnasio. Cada entrenamiento activa una cadena de consumo que incluye tenis, ropa técnica, suplementos, alimentación, entrenadores, fisioterapia, inscripciones y viajes. En el caso del running, además, cada carrera se ha convertido en un negocio que trasciende la competencia y mueve hoteles, restaurantes, transporte y comercio.

Toda esta experiencia de gastos es contada por Wilson Saenz Molina, atleta cundinamarqués que ganó la Maratón de Barranquilla en 2023, y muestra hasta dónde puede llegar esa factura. Según señala, como no cuenta con patrocinador y trabaja para financiar su carrera deportiva, asegura que todos los costos salen de su bolsillo.

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"En un mes me gastaría más o menos $1 millón", calcula. Pero cuando incorpora alimentación, entrenador y otros gastos, la cuenta puede acercarse a los $2 millones mensuales. Al año, estima que un corredor en sus condiciones puede gastar entre $10 millones y $15 millones.

Uno de los rubros que más pesa son las competencias. Saenz corre entre 45 y 48 carreras al año y puede participar en unas cuatro pruebas durante un mes. Las inscripciones, dice, pueden costar entre $180.000 y $350.000, dependiendo del evento. Solo ese concepto puede representar cerca de $600.000 mensuales en su caso.

A eso se suman los viajes. Una competencia fuera de su lugar de residencia puede representar entre $500.000 y $800.000, incluyendo transporte, alojamiento, alimentación e hidratación. En desplazamientos terrestres hacia la Costa, por ejemplo, calcula unos $400.000 entre ida y regreso antes de sumar hospedaje y alimentación.

La preparación para una maratón lleva la cuenta todavía más arriba. Saenz recuerda que para preparar la prueba de Barranquilla, que terminó ganando, destinó entre $5 millones y $7 millones durante tres meses de entrenamiento. En ese periodo llegaba a acumular entre 180 y 200 kilómetros semanales.

"Lo que más consume uno en una preparación son los suplementos, como la creatina, la glutamina, las descargas musculares con psicoterapeuta y los geles", explica. También entran en la factura las zapatillas de entrenamiento y competencia y las sesiones de recuperación física.

El caso del atleta sirve para mostrar el extremo competitivo de una industria que también tiene una versión mucho más cotidiana. Luis Fernando Ramírez, analista económico y docente, quien además practica running de manera recreativa, calcula que una persona de estrato medio que incorpora una membresía permanente a un buen gimnasio, algunos suplementos, ropa y transporte puede destinar alrededor de $500.000 mensuales a este estilo de vida.

En otras palabras, son unos $6 millones al año sin llegar necesariamente al nivel de un atleta competitivo. Pero cuando aparecen productos de mayor gama, entrenador personalizado, calzado especializado y otros servicios, la cuenta puede duplicarse.

"El medio millón ya no sirve; ya pasaríamos por lo menos al doble si uno quisiera tener unos elementos mucho más perfilados", señala Ramírez.

La diferencia está, en buena medida, en el nivel de exigencia. Una persona que va al gimnasio varias veces por semana no enfrenta la misma estructura de costos de un corredor que entrena para una maratón o que participa en varias competencias durante el año. A medida que aumentan los kilómetros, también lo hacen la necesidad de renovar el calzado, consumir suplementos, utilizar ropa técnica y pagar servicios de recuperación.

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El mercado internacional refleja que detrás de estas decisiones hay una industria de gran tamaño. Fortune Business Insights estima que el mercado mundial de suplementos deportivos alcanzó los US$15.460 millones en 2025 y proyecta que llegará a US$31.530 millones en 2034. En Colombia, Ramírez considera que el precio sigue siendo una de las principales barreras para que este segmento tenga una penetración similar a la de mercados como Estados Unidos, debido, entre otras razones, a que buena parte de los productos son importados.

Una bolsa de suplementos proteínicos o complementos nutricionales puede rondar los $300.000 y durar aproximadamente un mes, según el analista. Ese solo producto puede representar más de la mitad del presupuesto mensual que una persona destina a todo su estilo de vida deportivo básico.

En el running, el calzado es uno de los productos que más rápidamente convierte el ejercicio en consumo. Andrés Guillermo Cuadrado Varón, Outdoor Leader de Columbia, señala que un corredor regular puede llegar a consumir tres pares de tenis al año.

Los precios también tienen un rango amplio. En el segmento técnico que maneja la marca, los tenis pueden partir de unos $500.000 y superar el millón de pesos, dependiendo de las características que requiera el corredor.

La ropa también suma. Una chaqueta puede encontrarse desde $300.000 y llegar a superar el millón de pesos en referencias especializadas; las pantalonetas parten de unos $190.000 y pueden alcanzar los $400.000. A esto se agregan camisetas, gorras, chalecos de hidratación, impermeables y otras prendas.

Cuadrado calcula que un corredor puede tener un ticket promedio cercano a los $600.000 cuando compra productos para incorporarse a este ecosistema, aunque la cifra cambia de acuerdo con la frecuencia de entrenamiento y el nivel técnico que busque.

La lógica es sencilla: cuanto más frecuente es la práctica, mayor es la rotación de los productos. Un corredor que entrena de manera intensiva necesita más de un par de tenis, mientras que las condiciones climáticas y el tipo de terreno también pueden obligarlo a incorporar prendas especializadas.

El otro lado de la ecuación está en los eventos. Colombia tendría cerca de 3,4 millones de personas que practican running, mientras el calendario de 2026 contempla más de 100 carreras entre pruebas de 5K, 10K, medias maratones y maratones.

Y los corredores no necesariamente participan una sola vez al año. Datos de Corremitierra muestran que 39,6% participa en hasta tres carreras anuales, mientras 34,6% lo hace entre cuatro y seis veces y 12,5% supera las seis competencias. Es decir, casi la mitad compite al menos cuatro veces al año.

Ramírez identifica una transformación en el negocio: el running pasó de ser principalmente una actividad deportiva a convertirse también en una experiencia social y turística. "Hoy en día el running es sobre todo social y turístico", explica.

La Maratón de Medellín es uno de los ejemplos de esa transformación. Su edición 2026, que fue hace una semana, proyectaba más de US$38 millones de impacto económico, principalmente por turismo, hotelería, gastronomía, comercio y transporte.

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La carrera espera 30.000 participantes este año, frente a 24.000 anunciados en 2024 y 27.000 en 2025. Para las distancias de 10K, 21K y 42K, la inscripción arrancó en $260.000 para los primeros 5.000 cupos y posteriormente subió a $290.000. En los 5K, el precio para participantes nacionales quedó en $154.000.

El cálculo muestra por qué una carrera no se reduce a vender un número de competencia. Un corredor que paga $290.000 por el derecho a participar puede terminar gastando varias veces esa cifra si debe viajar, alojarse, alimentarse y comprar implementos deportivos.

Ramírez estima que en Medellín las inscripciones pueden ir desde unos $150.000 hasta cerca de $300.000 en las principales pruebas. Y el gasto crece cuando el corredor decide convertir la competencia en un viaje.

Ese fenómeno también se observa en las grandes maratones internacionales. El mercado mundial de las maratones mueve alrededor de US$5.200 millones al año, mientras las siete grandes World Marathon Majors concentran cerca de US$2.700 millones de impacto económico, según las estimaciones citadas en el sector.

Para un colombiano que decide correr una de estas pruebas, el dorsal es apenas el comienzo. Entre vuelos, alojamiento, alimentación, transporte y gastos asociados, participar puede representar entre US$3.000 y US$5.000.

Nueva York, Boston, Chicago, Berlín, Londres, Tokio y Sídney han convertido las carreras en grandes plataformas de turismo deportivo. La inscripción, los patrocinios y el consumo que generan los corredores forman parte de un negocio que se extiende mucho más allá de las calles por las que pasa la competencia.

En Colombia la escala es menor, pero la lógica empieza a ser similar. La carrera necesita hidratación, alimentación, personal médico, señalización, cronometraje, seguridad, logística y, cada vez más, una experiencia que justifique el precio de la inscripción.

Cuadrado lo conoce desde el lado de las marcas. Columbia desarrollará en noviembre en Choachí la segunda edición de su carrera de montaña, llamada Columbia Trail Challenge después de reunir 600 participantes en 2025 y con una expectativa de 1.000 corredores para este año. El evento requiere permisos municipales, planes de contingencia, personal de Defensa Civil y organismos de seguridad, puntos de hidratación y alimentación, señalización y sistemas de cronometraje.

En una prueba de 21 kilómetros, además, los corredores enfrentarán una ganancia de elevación de alrededor de 1.500 metros. Allí el equipamiento deja de ser solamente una cuestión de comodidad y puede convertirse en un elemento de seguridad, especialmente por los cambios climáticos propios de la montaña.

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